IA con acento de TV local: crónica de un aterrizaje útil en Acutelan on the Road

La mañana en Murcia olía a café recién hecho y a parrilla en directo. Llegué temprano: la noche anterior había dormido poco, con la presentación todavía zumbando como un control de realización en mi cabeza. Por Paco Torres.

Paco Torres en Acutelan On The Road

Desayuné con parte del equipo y varios socios de Acutelan; se hablaba de parrillas, de patrocinios que “a ver si salen”, de cómo hacer más con menos sin perder el alma. En la primera fila, caras conocidas y nuevas, y el presidente Juan Antonio Rodríguez saludando a cada cual con esa mezcla de anfitrión, productor y empresario que va mirando el reloj con el rabillo del ojo para que todo esté perfecto, como así fue. Más atrás, técnicos de continuidad que miden la vida en frames; en medio, responsables de OTT y operadores de fibra con la libreta abierta.

El tono estaba claro antes de empezar: utilidad por encima del brillo y hablar de datos concretos. Abrí con una pregunta que no es mía, pero que siento propia: “¿Dónde vamos y para qué?”, la brújula de Byung-Chul Han que planté en la primera diapositiva como quien marca un norte en la mesa de mezclas.

Prometí una hora sin humo, soy demasiado terrenal para contar milongas. Nada de magia: método y trabajo. Dibujé un mapa simple —texto, imagen, voz, música, vídeo y código— y lo puse al servicio de una realidad que las televisiones locales conocen mejor que nadie: el informativo de las dos y el directo de las ocho. La IA generativa, dije, es eso que crea cuando se lo pides, pero no sustituye a nadie si trabajamos con criterio y marco editorial. Vi cabezas asentir; necesitábamos poner orden al ruido antes de tocar botones. E insistí, somos el piloto, la IA es el copiloto. Y así me adentré en contar la evolución del hombre con la tecnología y como la IA, en esta sexta revolución, se está adentrando y apoderando de nuestro modelo de negocios.

La pregunta que importaba

“¿Qué podemos automatizar ya sin perder la voz?”. Todo tiene un criterio operativo: la IA suma cuando tiene límites claros. Si una tarea se repite y no define la identidad del programa, es candidata a asistente; si toca el tono, el encuadre o la credibilidad, pasa por ojos humanos sí o sí. Lo humanista, añadí, no es un eslogan: es diseñar flujos que devuelvan tiempo al equipo para contar mejor el territorio, para poder ajustarse a los nuevos presupuestos para producir con muchísima calidad cosas que antes eran imposibles.

Les puse varios ejemplos en ficción, publicidad y animación, y todo aterrizaba en el mismo punto: supervisión humana como última línea de edición. Y un apunte que encendió a los de red: estas mejoras no son golpe de efecto, son goteo que, conectado a FTTH y OTT de proximidad, alimenta parrilla y plataformas a la vez.

El territorio como hardware

Insistí en mi obsesión: los modelos son globales; vuestro valor es local. Ese acento — en la palabra y en el plano— es hardware. Por eso hablamos de plantillas de identidad, glosarios que protegen nombres propios y protocolos de rótulos para que lo automático no planche la marca. Y también de líneas rojas: nada de deepfakes, licencias claras y trazabilidad de prompts y versiones, con validación obligatoria antes de publicar. Ética como marco operativo, no como apéndice.

La caja de herramientas… en su sitio

Sí, salieron nombres: Freepik, Runway, Kling, Pika, Wisecut, Descript, Eleven Labs… el reencuadre de Kamua, el músculo de DaVinci para multicámara y subtítulos. Pero repetí la cláusula que evita peleas en redacción: primero el flujo, luego la herramienta. La mezcla que menos resistencia genera hoy es IA que propone + editor que afina, de aquí la importancia de los VFX en estos nuevos entornos de producción.
Con los operadores de banda ancha conectamos los puntos: si el long tail digital se programa con cadencia y estándares, el lineal se alimenta de él y viceversa. Y en ese vaivén, la proximidad gana escala. Las tendencias de consumo —comedia, thriller/ acción, deporte— encajan especialmente bien cuando el vertical nace del guion, no del apuro y ofrecí una visión global de como está el ecosistema del audiovisual y como se está remodelando nuestro negocio.

El avión de papel

Usando un juego de equipo que uso mucho en trabajos de design thinking en grupos, les hice hacer un vehículo capaz de volar con un papel A4 y fue sorprendente ver que algunas personas decidieran hacer una bola y lanzarla, dejando claro, que el ser humano tiene una capacidad muy por encima de la IA, puede salir de la data e inventar, es decir, pensar de una forma disruptiva y ahí está nuestro valor como seres humanos.

2025–2027: híbridos y agentes

La última diapositiva fue prudente: lo que ya se ve en platós y salas de edición es un modelo híbrido (humanos + IA) con agentes para tareas concretas —verificar un rótulo, sugerir cortes, preparar un sumario—. Lo que venga después —servicios “a la carta”, nuevas computaciones— llegará; la ventaja competitiva empieza hoy con pilotos pequeños, documentados y replicables entre cadenas y aquí, el factor clave es el asociativo, colaborar entre todos para poder ser competitivos y crecer.

La escena final (y las caras al salir)

Al terminar, un operador que había seguido la charla me dijo: “No quiero una revolución. Quiero llegar antes al mismo sitio y, si puede ser, llegar mejor.” En el vestíbulo, y en el cocktail, mientras recogíamos, y almorzábamos, hubo algo que me emocionó: las caras. No eran de “wow tecnológico”; eran de alivio profesional. Varias socias se acercaron con una lista de ideas, un jefe de OTT me pidió el decálogo de ética para adaptarlo, una productora quiso el glosario local como primer deber de curso, otras me pidieron dar clases en sus empresas. La frase que más repetí al despedirme fue “está todo a mano”, hay que surfear esta ola, adaptarse y avanzar.

Porque lo está: un caso de uso, un equipo pequeño, una fecha de inicio y otra de fin, un papel con KPIs y la voluntad de medir sin excusas. Si a eso le sumamos el acento de cada municipio, un archivo que por fin responde y una parrilla que conversa con su OTT, el resto es iterar.

La tarde tomando café con parte de los socios fue muy inspiradora, hablamos de redes, de como nació el video club, los problemas de la caída de la electricidad en España y finalmente, asistí al concierto de uno de los socios, y miembros de la Junta directiva, Antonio, que en el aeropuerto de Alicante, me deleitó con un mini concierto que agradecí muchísimo.
Llegué a Sevilla con la sensación de que Acutelan Road había cumplido su promesa: aterrizar la IA con acento local, sin humo, y con un público contento y armado para empezar mañana. Ese es, al final, el mejor titular posible para un día de televisión: hemos llegado antes, y hemos llegado mejor.

Y algo que percibí con todas las personas con las que hablé, era el alto valor y conocimiento de los socios y socias de Acutelan. Tuve la sensación de que saben perfectamente lo que hacen y como lo hacen, pero es que además, se respiraba mucho talento y grandes valores humanos, tanto por parte de los organizadores, como por los socios y socias, y eso es de agradecer. Larga vida ala televisión local y gracias a Acutelan por organizar estos eventos que ayudan a dinamizar y a buscar puntos de encuentros y avances entre los socios y socias.

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